Qué hacer cuando los niños comienzan a decir "no" y cuáles son las claves para brindarles una educación emocional saludable.

La edad de los berrinches comienza alrededor de los 18 meses. Es el momento en que el niño afirma su autonomía diciendo ¡no! Es la etapa de las rabietas y la oposición. Es esperable que se agache y se levante solo, distinga y muestre distintas partes de su cuerpo, ojos, boca, se saque los zapatos y las medias y reconozca el "no".

"Conocer que es una etapa normal nos ayuda a los padres y pediatras a entender esto como un proceso que hay que atravesar, absolutamente necesario para el desarrollo de su personalidad", explica la doctora Alejandra Lafont, jefa del Servicio de Pediatría de la Fundación Hospitalaria.

Según precisa la experta, es una etapa transitoria y los adultos podemos evitar que se prolongue con algunas consideraciones:

  • Tratar de establecer acuerdos entre los padres.
  • Poner límites claros. Esto es fundamental por dos motivos: porque les transmite seguridad que les permite a los chicos estar más tranquilos y sentirse más cuidados y, por lo tanto, más queridos. Por otro lado, porque cuanto más claros sean los límites, más corto y llevadero será el período de berrinches y rabietas.

Asimismo, Lafont explica que durante la "rabieta" se recomienda:

  • Contener sin consentir.
  • Durante el episodio no son útiles las largas reprimendas con muchas palabras.
  • Es aconsejable permanecer en el mismo ambiente que el niño, protegerlo para que no se lastime y continuar con el límite que se había impuesto previo al episodio del berrinche.

OTRAS ETAPAS COMPLICADAS

Por otra parte, la jefa del Servicio de Pediatría de la Fundación Hospitalaria señala que existen otras instancias del desarrollo del niño en las que comienza a manifestarse un cambio en la conducta. "Una de estas etapas es cuando se amplía la dieta. La alimentación del bebé con semisólidos es también un proceso en el desarrollo, forma parte de una etapa madurativa", describe.

Según apunta la pediatra, los movimientos de los músculos de la boca -que son fundamentales para una buena succión- son diferentes a los que se precisan para incorporar alimentos sólidos y semisólidos. Por lo tanto, los bebés deben aprenderlos y abandonar los mecanismos que fueron útiles para tomar el pecho o la mamadera.

"Por ejemplo es muy frecuente que los bebés expulsen el alimento hacia afuera con la lengua, esto es por un reflejo llamado de protrusión lingual, que está presente desde el nacimiento y es imprescindible para succionar. Esta expulsión no significa rechazo voluntario, sino que madurativamente tiene que seguir probando para que este reflejo desaparezca", aconseja Lafont.

En ese sentido, la profesional subraya que los alimentos hay que ofrecérselos en varias oportunidades y no descartarlos.

Las recomendaciones para la incorporación de los semisólidos y sólidos son:

  • Ofrecer los alimentos frescos y adecuadamente preparados y conservados.
  • Que tengan la temperatura adecuada.
  • Los alimentos dulces se incorporan inicialmente con mayor facilidad por la similitud con la leche materna.
  • Que el ambiente sea tranquilo, no importa el horario. Los padres deben elegir el momento en el que ellos están más disponibles.
  • Permitir que el bebé tenga contacto con los alimentos.

"Tener en cuenta estos detalles hace que el proceso de aprendizaje de la incorporación de semisólidos sea placentero y minimiza la posibilidad de rechazo de alimentos", indica la experta.

CHAU PAÑALES

Otra instancia del desarrollo a tener en cuenta es cuando dejan los pañales. "Cada niño tiene su ritmo propio, pero la mayoría de los niños dejan los pañales entre los dos y los cuatro años", precisa Lafont.

"Lo que acompaña a este proceso de independencia -añade- son otras pautas que también apuntan a lo mismo: comenzar a separarse de alguna manera de la mamá y adquirir nuevas formas para vincularse".

De acuerdo con la especialista, en general, los niños que se encuentran listos para comenzar este proceso son independientes para deambular hace varios meses, se sientan y levantan sin dificultad, se comunican con frases, suben y bajan escaleras, conocen las partes de su cuerpo y son capaces de realizar pequeñas tareas en el ámbito intrafamiliar.

"Con respecto al control de esfínteres específicamente, comienzan a avisar cuando se hacen pis o caca, les molesta estar sucios y duermen siestas y el pañal permanece seco", detalla.

Lafont hace hincapié en que los padres tienen que tener presente que este proceso dura entre tres y diez meses y recomienda comenzar en el momento oportuno, es decir, evitar el inicio del aprendizaje durante situaciones de éstres, como el nacimiento de un hermano, mudanza, enfermedad de alguien muy allegado.

"También hay que evitar los retos y castigos, utilizar el baño como espacio dedicado a este fin, no utilizar bacinillas con forma de juguetes, utilizar el refuerzo positivo sin exagerar, evitar frases que signifiquen un chantaje y las comparaciones con hermanos o cualquier otro niño", remarca.

Por otra parte, la pediatra recuerda que el control de esfínteres se inicia siempre de día y sólo luego de varias semanas o meses de control diurno y cuando el pañal de la noche permanezca seco por varios días se inicia el control nocturno, sabiendo que los "escapes" hasta los cinco o seis años son esperables.

EN PELIGRO

Meter los dedos en el enchufe o tirarse de cabeza es una constante en los más chicos, ante estos casos Lafont pone de manifiesto que el "no" de los padres debe ser siempre contundente a todas las edades, aunque señala que si el niño es menor de dos años este "no" rotundo debe ir acompañado del rápido retiro de la fuente de peligro y no se puede dejar al niño solo en ninguna circunstancia.

"El niño no tiene registro del peligro y probablemente insista en el acto, repitiendo la situación peligrosa, por lo que las frases deben ser reiteradas tantas veces como sea necesario. Es importante saber que siempre debe haber contundencia en el límite pero que el registro también depende de la etapa madurativa en la que se encuentra el niño", enfatiza la pediatra.

Como todo proceso, el registro de peligro se adquiere paulatinamente, por lo que la claridad debe estar siempre presente y el niño lo va a ir asimilando progresivamente. "Esto significa que no hay que esperar hasta los dos años para enseñarle lo que se puede o no hacer, hay que comenzar desde edades muy tempranas, teniendo en cuenta que la incorporación del no y del peligro no aparecen antes de los 18 meses", concluye.

Martes 26 de Agosto de 2014

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