La demanda parental durante la crianza puede elevar el nivel de estrés y desencadenar el trastorno. Qué se debe hacer para evitarlos

La presión de los padres puede generar cuadros de elevado estrés en los menores 

A medida que los niños crecen van adquiriendo conciencia sobre sus capacidades individuales y sus limitaciones. Y junto a esta evolución van dejando atrás temores habituales que surgen durante el desarrollo humano. Pero el miedo, esa emoción inquietante por un riesgo real o imaginario, es un factor que se repite frecuentemente en el periodo infantil.

En la infancia el advenimiento de cuadros asociados al ataque de pánico no supone que pueda ser diagnosticado con dicha patología: "En los niños y adolescentes las fobias, los temores, la ansiedad, el control omnipotente, las dificultades de separación e inclusos momentos panicosos, representan expresiones comprendidas en este mismo proceso", dijo la psicóloga y psicoanalista Silvia Morici.

El ataque de pánico es una reacción de ansiedad acompañada de expresiones fisiológicas y cognitivas cuya duración es variable, y que transcurre con sensación de peligro inminente o, de desmayo, lo que lleva a la urgencia de una búsqueda de escape. Los ataques tienen un inicio brusco y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 minutos.

Este intenso periodo de miedo provoca una larga lista de síntomas entre las que se hacen presentes palpitaciones, transpiración, temblores, falta de aire, ahogo, sensación de desmayo, dolor de pecho, náuseas o dolores abdominales, mareo, temor a perder el control o a perder la cordura, miedo a morir, despersonalización, parestesias, escalofríos o sofocos.

El criterio para diagnosticar este trastorno se basa en que al momento de una aparición temporal y aislada de miedo o malestares intensos deben presentarse al menos cuatro de los síntomas anteriormente mencionados.
Además, el ataque de pánico puede estar asociado con otros cuadros fóbicos, como por ejemplo la agorafobia, la claustrofobia o la fobia social. Así como también con el trastorno compulsivo obsesivo (TOC), el trastorno post traumático y el trastorno de ansiedad de separación.

Los ataques de pánico aparecen de un momento a otro 

La sociedad demandante

En la actualidad el desarrollo madurativo se lleva a cabo bajo una cultura exigente que compromete en la conciencia de los menores. En este contexto, la influencia y el rol de los padres es fundamental. Los niños necesitan de un sostén parental que no los presione hacia el éxito permanente. En caso contrario puede ser contraproducente para la salud.

"Esta forma de crianza, endurecidas y asustadas de la era post moderna, que reemplazan la mirada evaluativa y estimuladora, recaen sobre el niño como un gran manto de exigencia, empujándolo hacia logros, que exceden, en algunos casos, sus recursos de estructuración psíquica", explicó la especialista.

Y agregó: "El desarrollo en el niño pasa a ser observado y evaluado, en lugar de tolerado y sostenido, instalándose la idea de la posibilidad de fracaso madurativo o la de enfermarse tempranamente de algún 'trastorno', como es el Autismo, hoy considerado falsamente epidémico".

La tarea para los menores será saber cómo adaptarse a las reglas del mundo, diferenciando entre realidad y fantasía, mediando con la capacidad de frustración y el despego de las figuras parentales.

"El adulto exige el éxito, apura, no tolera el tiempo de aprendizaje del niño, pierde la paciencia en la crianza, y el niño se ahoga, no respira, siente rabia y tristeza. El tiempo 'apurado' del adulto solo consigue la inhibición del niño", comentó Morici.

Para la experta esta sintomatología se revierte "de forma inmediata, cuando se logra convencer a los padres que disminuyan sus expectativas, que gradúen las exigencias, y dejen de empujar a sus hijos hacia logros que superan sus capacidades madurativas".

Joomla! meta tags