La consulta sobre los terrores nocturnos en la primera infancia es frecuente en el trabajo con niños. El nivel de inquietud de los padres aumenta cuando la angustia desencadenada excede los límites de la contención parental y además se extienden como “miedos” en el día a día del niño. El niño se enfrenta así a su malestar y los padres tienen que lidiar con lo que no entienden de ese pánico infantil.

nio mirando bajo cama

Los terrores nocturnos aparecen con mayor frecuencia entre los 3 y los 6 años.

El niño se incorpora en la cama y puede estar con los ojos abiertos, llorando y gritando de un modo desconsolado y seguir inmerso en la escena, presentando dificultades para despertar y salir de la ensoñación.

Un despertar de extrañeza El despertar suele estar acompañado de sentimientos de extrañeza por haber estado inmerso en un mundo oscuro de sensaciones y afectos sin control, que si bien pueden reconocerse como propios, a la vez son vividos como extraños. Otras veces la misma realidad del nene, una vez que despertó, se tiñe del sueño como si la escena soñada continuase en el despertar.

Freud nos advirtió diciendo que tanto la sexualidad como la muerte son vividas como “agujeros negros” en la vida de cualquier persona, ya que difícilmente se le pueden poner palabras y explicación, dándoles la configuración de un trauma.

Un trauma de dos elementos

 El trauma, la escena de terror que se repite, tiene una particular mixtura de dos componentes distintos. Por un lado, hay un elemento externo, perteneciente a la realidad, de la que la escena del sueño extrae retazos de experiencias de la vida cotidiana que impactaron o impresionaron fuertemente al chico. Puede ser una pelea que vio en la calle, una fuerte discusión familiar o una escena de la televisión, incluso aunque a nosotros nos resulte aparentemente insignificante (dibujos animados).

Por otra parte, a estos restos del día que el sueño incorpora, se engancha una preocupación o inquietud interna, algo que el propio niño aún no pudo entender y comprender. Puede ser el nacimiento reciente de un hermano, la separación de los padres, la muerte de un abuelo. Esto que todavía él no pudo elaborar, y por tanto no puede explicárselo, se repite como angustia y le genera un profundo malestar.

¿Cuándo dejan de ser normales?

Los terrores nocturnos, cuando se presentan de manera puntual y desaparecen en breve, pueden ser considerados normales en el desarrollo de un niño. Es cuando siguen presentes y generan ese intenso malestar cuando dejan de ser una dificultad y comienzan a transformarse en un síntoma, motivo de consulta.

Los padres son los primeros que tratan de encontrar la causa de ese pánico y se preguntan si estará en relación a los dibujos que su hijo ve en la tele, o al tipo de juego que establece con sus compañeros o si tendrá que ver con cosas que puede haber escuchado en el colegio.

Recuerdo el caso de un niño de 5 años que los padres trajeron a la consulta porque padecía de terrores nocturnos en los que diferentes “monstruos” venían cada noche a sus sueños y lo asustaban. Este malestar se agravó cuando en una ocasión entraron ladrones a su casa por la ventana del comedor.

Ese mismo chico me relató la escena en el primer encuentro: “me entraron a robar”. En esa frase podemos ya apreciar cómo nos “confiesa” ese doble origen de los terrores. Por un lado tiene un temor al robo, basado en un hecho real vivido directamente, y al mismo tiempo nos desvela el miedo de su propia desaparición o muerte.

El miedo a ese “me entraron a robar” nos indica que el temor a su propia muerte es esa inquietud interna que, como decíamos antes, todavía no puede explicarse. Por eso no le queda otra opción que repetir la escena noche tras noche. A veces ese temor a la muerte queda desplazado a los padres y se expresa en los miedos a que los padres salgan de casa o viajen y no regresen.

Joomla! meta tags