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PSICOLOGÍA

  • Estudio: las palabras positivas les ganan a las negativas.

    Un análisis de los 100.000 términos más utilizados en 10 idiomas reveló que predomina el uso de vocablos alegres. El español, a la cabeza del ranking.

    Los hispanohablantes son los que más palabras positivas usan para comunicarse.

    Palabras alegres versus tristes. Ese fue el partido que plantearon científicos de la Universidad de Vermont (Estados Unidos) para ver cuáles se usan con mayor frecuencia. Para determinarlo, analizaron durante ocho años los 100.000 términos más utilizados en 10 idiomas. El resultado fue abrumador: el uso de vocablos positivos le gana al de negativos en todas las lenguas, con la española a la cabeza.

    El equipo de investigadores se lanzó a la tarea de buscar evidencia científica que comprobara o refutara la Hipótesis de Pollyana, elaborada en 1969 por los psicólogos Charles Osgood y Jerry Boucher, que sostiene que existe una tendencia universal a utilizar con mayor frecuencia términos positivos que negativos.

    Esa teoría fue entonces puesta a prueba por el equipo dirigido por los matemáticos Peter Dodds y Chris Danforth. El corpus analizado constó de textos tan variados como subtítulos de películas en árabe, tuits en coreano, clásicos de la novela negra rusa, libros en chino, letras de música en inglés y artículos de The New York Times, entre otras variadas fuentes.

    Trabajaron sobre 10 idiomas: español, inglés, portugués (hablado en Brasil), alemán, francés, chino, ruso, indonesio, árabe y coreano. "En todos, la gente usa más palabras positivas que negativas", afirmó Dodds, que se mostró sorprendido con los resultados ("no lo esperábamos").

    Por cada palabra con carga negativa en español, se usan nueve positivas

    Las palabras fueron seleccionadas por máquinas a través de algoritmos que hallaron los 10.000 vocablos más utilizados en cada lengua. Después, se les encargó a los hablantes nativos de cada una de ellas que las puntuaran a través de una escala del 1 al 9, desde las más negativas a las más positivas. Así, se reunieron unas cinco millones de valoraciones. En inglés, risa, por ejemplo, obtuvo un promedio de 8,50; comida, 7,44; camión, 5,48; avaricia, 3,06 y terrorista 1,30. No obstante, "el contenido emocional estimado de las palabras es coherente entre las lenguas", apuntaron los autores del trabajo publicado en PNAS.

    El estudio arrojó que los hispanohablantes son los que más palabras positivas usan para comunicarse. Detrás se ubican los que hablan el portugués de Brasil y el inglés. "El intercambio en chino y en ruso suele ser el menos positivo", señaló Dodds. En futuras investigaciones pretenden incluir el sueco y el noruego.

    "Sin embargo, lo relevante es que todas las lenguas tienen un sesgo positivo", comentó Dodds en diálogo con el diario El País. Por cada palabra con carga negativa en español, se usan nueve positivas, detalló, e incluso en el caso del chino, la relación es 30-70 a favor de la alegría.

    Medidor de la felicidad

    Los investigadores desarrollaron un "hedonómetro", una herramienta de Internet que permite establecer un índice de la felicidad en tiempo real a través del rastreo de tuits escritos -por ahora- en inglés. El medidor mostró, por ejemplo, una caída el día del ataque a la redacción de Charlie Hebdo, en París, el 7 de enero.

    La misma tecnología fue utilizada para escanear 10.000 clásicos de la literatura universal como Moby Dick, El Quijote, Ulises, Oliver Twist, Crimen y castigo o El conde de Montecristo. El hedonómetro permite visualizar los altibajos emocionales de las historias según las palabras utilizadas.

    Para los investigadores, el nuevo estudio aporta datos acerca de nuestra naturaleza social que, consideran, puede ser codificada en las palabras, componentes básicos del idioma. Y concluyeron que los resultados muestran que "los seres humanos tienden a buscar (y hablan del) lado brillante de la vida".

NUTRICIÓN

  • Cuatro simples maneras de aumentar se energía

    correr

    Si el ritmo de trabajo, el clima o las tareas de rutina te descargan, aquí encontrarás métodos avalados por la ciencia para tener las pilas recargadas durante todo el día.

    Los métodos, probados por la ciencia, son recomendados por la Universidad de Harvard para eliminar el cansancio y levantar el ánimo y el nivel de energía.
    Los métodos, probados por la ciencia, son recomendados por la Universidad de Harvard para eliminar el cansancio y levantar el ánimo y el nivel de energía.

    La fatiga nos afecta a todos, en diferentes maneras, especialmente cuando el calor y la humedad ambiental parecen arrojar el cielo entero sobre la cabeza. Quizás te volvés lento o abatido a media tarde, ¡o antes! Las soluciones, sin embargo, están al alcance de cualquiera.

    Hay métodos probados por la ciencia para eliminar este tipo de cansancio y levantar el ánimo y el nivel de energía. Además el mercado está repleto de productos que prometen recargarte, pero muchos de ellos simplemente no funcionan. Aquí te diremos cuáles.

    La Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard ofrece los siguientes cuatro tips para seguir adelante, eliminar el cansancio y recargar las pilas.

    1. Establecé tu propio ritmo. Quizás sos de los que quieren seguir adelante a toda costa y se sobrecargan de tareas simultáneas. Si te organizás, podés mantener un ritmo y hacer todas las cosas que planeas. Por ejemplo, en vez de "quemar todas tus pilas" en dos horas, podés extender tus "baterías" administrándolas entre las tareas de la mañana, las de la tarde y las de la noche, incluyendo entre ellas varias dosis de descanso y las correspondientes comidas, sin saltear ninguna.

    2. Hacé un pequeño paseo o una siesta. No hay nada más satisfactorio que una siesta corta (de 20 o 30 minutos) cuando estás "palmando" después del mediodía. Hay una contraindicación: si tenés problemas para dormir por la noche, la siesta puede empeorar el insomnio. También es posible que tu trabajo te lo impida. En esos casos, se recomienda empezar a moverse, aunque sea en tu lugar. Si podés, levantate y da una vuelta a la manzana, o simplemente salí de tu silla y ¡movete! Caminar te quitará el adormecimiento y te dará una carga de endorfinas y energía.

    3. Pasá por alto la mayoría de los suplementos. Seguramente oíste hablar de los suplementos "antienvejecimiento" o "energizantes". No hay evidencia de que funcionen. A continuación, algunos de ellos:

    - DHEA. No hay evidencia de que la DHEA (¡sí, la hormona que también se utiliza en el famoso chip sexual!) ofrezca algún beneficio real contra la fatiga, y los efectos secundarios siguen siendo desconocidos. Sobre todo, no compres lo que venden ciertos estridentes anuncios publicitarios, porque no sabés lo que contienen.

    - Hierro. El hierro sólo mejora la energía si tenés claramente una deficiencia de hierro, algo que un médico puede comprobar con un análisis de sangre. A menos que seas bajo en hierro, no necesitás tomarlo. No sólo eso: tomar demasiado hierro puede ser dañino.

    - Vitaminas B. Es cierto que las vitaminas B (B1, B2, B6, B12) ayudan al cuerpo a convertir los alimentos en una forma de energía que las células son capaces de quemar. Pero tomar más vitaminas B no sobrecargará tus células. Eso es un mito.

    4. Usá sabiamente los alimentos como combustible. Una torta bien azucarada ofrece un montón de calorías, pero tu cuerpo tenderá a metabolizarla velozmente, y como consecuencia podés terminar naufragando en azúcar en sangre y fatiga. Para mantener un nivel de energía estable debés consumir proteínas magras y carbohidratos no refinados. Probá con un yogur bajo en grasa con un poco de nueces, pasas y miel. No te saltees las comidas. Tu cuerpo necesita una cierta cantidad de calorías a través de toda la jornada de trabajo. Es aconsejable espaciar las comidas para que el cuerpo reciba los nutrientes que necesita a lo largo del día. De este modo, el nivel de combustible será regulado con inteligencia, te anticiparás a la posibilidad de sufrir fatiga y estarás recargado para las tareas diarias.

    Jueves 5 de febrero de 2015

PEDIATRÍA

  • ¿Cuándo está listo un bebé para comer alimentos sólidos?

    Estar atentos a las señales que indican que el bebé está preparado y no dejar que los miedos nos impidan empezar a tiempo a proporcionar los primeros sólidos son las claves para dejar atrás los purés con naturalidad. El correcto desarrollo de la mandíbula, los dientes y la deglución dependen de que el niño aprenda a masticar y a tomar los sólidos llegado el momento.

    Según explica Ana Martínez, pediatra de Atención Primaria e integrante de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), la transición a la comida sólida, o a la dieta normal de la familia, se realiza de forma paulatina entre los 6 y los 12 meses de vida. Al año de edad el bebé debe comer ya lo mismo que el resto de la familia.

    Martínez señala que alrededor de los 6 meses de edad los bebés ya son capaces de llevarse las manos a la boca y chupar y tragar alimentos blandos. Hacia los 8 o 9 meses, aunque no tengan dientes, ya son capaces de hacer movimientos de masticación con las mandíbulas y aprenden a comer de una cuchara.

    Las principales habilidades o capacidades del bebé para que pueda comenzarse la transición desde una alimentación láctea a una más variada y semisólida son que se pueda mantener sentado casi sin apoyo, se lleve las manos a la boca y haga los movimientos de chupeteo y de aplastar el alimento usando labios y encías.

    Para los padres lo más fácil es observar las señales de su hijo de que ya está preparado. Es decir, que se adapten a las características y maduración de su niño, sin seguir al pie de la letra ningún calendario. Un bebé ya está listo para empezar cuando muestra interés hacia la comida mediante actitudes como inclinarse hacia delante, abrir la boca, mirar o coger y chupar directamente el alimento.

    Igual de importante es permitir que el niño decida cuándo ya ha tenido suficiente, o sea que hay que respetar las señales de saciedad (deja de tener interés en al comida, la escupe, gira la cabeza o se queda dormido). "No conviene obsesionarse con cantidades, puesto que a lo largo del día hay más oportunidades para comer", aclara Martínez.

    En cuanto al riesgo de atragantamiento o asfixia, la pediatra señala que esta es una gran preocupación para padres y pediatras ya que aunque real, es un peligro que solo ocurre con alimentos pequeños y duros tales como zanahoria cruda, frutos secos, caramelos o manzana.

    "Puede ser motivo de susto además cuando el bebé hace arcadas porque se le va hacia la garganta un trozo demasiado grande, pero esto no es un peligro real ya que la arcada lo que hace es empujar al alimento otra vez a la parte anterior de la boca para que el bebé lo pueda volver a aplastar", apunta Martínez.

    CÓMO EMPEZAR

    La pediatra recomienda iniciar el tránsito a la comida sólida con verduras cocidas, un poco blandas pero que no se deshagan del todo como patata, calabacín, calabaza, brócoli, coliflor o zanahoria. En cuanto a las frutas crudas recomienda plátano, mango, pera o ciruela y en lo referente a otros alimentos apunta la idoneidad de la pasta cocida (espirales, macarrones o tiras de lasaña), la carne cocida, el jamón de York en tiritas o la tortilla francesa.

    "El tamaño de la pieza ofrecida es importante. Se habla de 'finger foods', es decir, porciones del tamaño de un dedo de adulto que quepan en el puño de un bebé, asomando una parte, para que no pueda introducirse una porción excesiva", aclara Martínez.

    También se pueden hacer montoncitos de trozos más pequeños para que los pueda coger a pequeños puñaditos (jamón de York o normal, carne, pescado, fruta o queso fresco) o aplastar un poco con el tenedor los garbanzos o guisantes. "Lo mejor es que el bebé coma a la misma hora que los demás y así vaya probando algunos alimentos del menú familiar", señala.

    Según explica Martínez, si se empieza antes de que cumpla el año, no suele haber problemas en el tránsito a la comida sólida. "Si por temor al atragantamiento, por comodidad o porque nadie explica a la familia la importancia de la masticación, cuando un niño llega a los 2 años alimentándose solo con alimentos en forma de purés y biberones, es muy difícil que acepte lo sólido", aclara la pediatra.

    Este rechazo a los sólidos señala Martínez puede deberse, entre otros motivos, a que ya se ha habituado a esa dieta y porque hacia los dos años se tiene mucho menos apetito y esto lleva a que exista un menor interés a las novedades.

    DESTETE DIRIGIDO POR EL BEBÉ

    Según señala la pediatra, el planteamiento es totalmente distinto de las clásicas papillas y purés que se denomina 'destete dirigido por el bebe' ('Baby-Led Weaning'). Aunque el método parece más fácil para bebés que toman el pecho, por estar habituados a los cambios en el sabor de la leche materna, "esto no supone que los que toman biberones no puedan hacer la transición de este modo", aclara Martínez.

    La pediatra detalla estos 5 consejos para los padres:

    1. Esté atento a las señales de que su hijo tiene interés por la comida que come y deje que la pruebe, sólo chupándola, esto le permitirá ir conociendo sabores.
    2. Si ya se lleva cosas a la boca, aproveche para ponerle 'algo de comer' en la mano. Solo asomará un poco y lo irá chupando, saboreando y tragando. Comerá poquito y así verá si le sienta bien y lo tolera. Puede ir aumentando la cantidad y la variedad poco a poco.
    3. Evite los alimentos duros que puedan incrustarse en los bronquios o la tráquea: frutos secos, caramelos, trozos de zanahoria o manzana cruda. Evite los alimentos a los que alguno de los padres se alérgico.
    4. Asegúrese de que el bebé sigue tomando el pecho a demanda a lo largo del día y la noche. Si toma biberones, conviene que tome 3 o 4 al día, además de todos esos alimentos.
    5. Los padres deberían comer sano y ofrecer esa misma comida a su bebé. No se preocupe de las cantidades. El bebé sabe cuánto necesita comer.

    PROBLEMAS DE DENTICIÓN Y DESARROLLO

    Según señala la pediatra, no es necesario tener dientes o muelas para empezar a masticar. "Si se espera a que salgan los dientes o las muelas (éstas salen a partir de los 12 meses) se pierde un momento crucial, pues es sobre los 8 o 9 meses el momento en que los bebés están más predispuestos a probar comidas y a masticar", aclara.

    Martínez concluye que cuando un bebé tarda en masticar, toma siempre líquidos, biberones y purés, no se le desarrolla bien la mandíbula ni los dientes y a la larga puede tener problemas de deglución o la costumbre de interponer la lengua entre los dientes, lo que genera problemas en el lenguaje (vocalización) y en la posición de los dientes.

    Según explica a Infosalus el doctor Abel Cahuana, presidente de la Comisión Científica de la Junta de la Sociedad Española de Odontopediatría, en cuanto a la masticación en el desarrollo mandibular las diferentes funciones oro-faciales influyen en el correcto desarrollo de las arcadas y del patrón facial.

    "La masticación influye además en la salud de los dientes, el niño que no mastica, tiene más placa bacteriana y sarro en los dientes", aclara Cahuana, jefe de Sección de Odontopediatría del Hospital San Joant de Déu (Barcelona). La introducción de sólidos, además de permitir el aporte de una variedad de alimentos y de diferentes consistencias y sabores, favorece un buen desarrollo y mejor estado de salud de todo el proceso dento-alveolar, afirma el especialista.

    Si el niño se niega a tomar alimentos sólidos se encontrará en peor situación de salud en comparación con los que mastican. "En estas situaciones el pediatra descartará algún problema de desarrollo o trastorno neurológico de la deglución, aunque en la mayoría es un problema que guarda mas relación con normas de educación y sobreprotección", aclara Cahuana.

    Viernes 30 de Enero de 2015

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1.4 Desde Roma - Proyecto RCP
1.5 Proyecto RCP- SCHOLAS en el Vaticano
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1.7 Alfredo Leuco
1.8 Control Odontológico
1.9 Cansancio o Agobio
2.0 Mitos de la hiper tensión arterial
2.1 Freud: último capítulo
2.2 Síntomas Cardíacos
2.3 La Neurosis de Freud
2.4 Hipertension Arterial
2.5 Tabaquismo Dra Silvina Aparicio
2.6 Complejo de Edipo
2.7 EPOC
2.8 Ley RCP y muerte subita
2.9 Emociones no se medican se procesan
3.0 Sarmiento y sus Relaciones Emocionales
3.2 Demencias
3.3 Síndrome Urémico Hemolítico
3.4 Accidente Cerebro Vascular
3.5 Trasplante de Corazón
3.6 Paraplejía y Neurociencia
3.7 Intestino Irritable
3.8 Tener Proyecto
3.9 Infelicidad consulta mas frecuente
4.0 Productos para bajar de peso
4.1 Primer contagio de Ebola en EEUU
4.2 Ebola
4.3 Tratamiento de la Hepatitis
4.4 Hinchazon de pies
4.5 Cáncer de Testículo
4.6 Tipos de Memoria
4.7 Amnesia Infantil
4.8 Muerte Súbita
4.9 Emociones en Primavera
5.0 Libro Historia Clinica 2
5.1 Caminar
5.2 Ansiedad y Estrés
5.3 Mecanismos de afrontamiento
5.4 Beneficios de caminar
 
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